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Opinión

Lo vulgar de divulgar

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Esta colección de fascícu­los se propone presentar en ediciones regulares un tema central abordado desde todos los aspectos posibles: Historia, geogra­fía, literatura, tecnología, arte, etc. Porque probado está que la lectura se ve favorecida cuando va acom­pañada de ilustraciones que explican y amplían el alcance del texto, afianzando los conocimientos en la memoria con intensidad perdurable. Pero sobre todo, porque es lo que sabemos hacer y porque nos place, nuestra publicación tiene este notorio predominio gráfico.

Errado está quien piense que la histo­ria tiene una sola dimensión y que ésta es lineal. La ansiada objetividad es una utopía. Diferencias de enfoque e intereses colisionan en los registros históricos, con­tables y biográficos según provengan de relatores apologistas o detractores; intere­sados, apasionados o exagerados.

Por caso, para realizar esta primera entrega de “Aventureros y pioneros”, que trata de la primera expedición europea en tocar suelo fueguino y circunnavegar el globo, tuvimos que transitar por un archipiélago tormentoso de información no pocas veces discordante.

Los portugueses aún no se deciden a incorporar definitivamente como prócer histórico a Magallanes, a quien conside­ran un traidor a la patria y, muchos espa­ñoles insisten en omitirlo o soslayar sus méritos atribuyéndoselos casi excluyen­temente al noble vasco Elcano (Elkano en lengua euskera), quien coronó la fatigosa travesía en la nao “Victoria”.

Ni siquiera los datos duros son fuente de certeza: cifras, fechas y otras unida­des de medida varían significativamente entre las fuentes. A la inflación, la proce­dencia y variaciones tecnológicas en los procesos productivos hay que sumar el valor simbólico de los bienes en sitios y tiempos de paz o de guerra, etc.

Ejemplo: el maravedí es la moneda en la que se expresan los costos de la expe­dición magallánica en los archivos de Sevilla. Se trata de una moneda que cir­culó en España entre los siglos XI y XVI y cuyo valor actual (según Google) osci­laría entre €0,10 y €16 (¡!), por lo que la Nao Victoria costaría hoy entre €30.000 y €45.000.000 (¡Ideal para el regateo de compraventa!).

Es por todo esto que Fuego de encuen­tro y divulgación cede las indagaciones académicas a los especialistas y, sin renunciar a la búsqueda de la verdad, se ocupa de la divulgación, aportando el caudal documental que permite una pu­blicación de 28 páginas, deseando que, acicateado por estos modestos estímulos, el lector continúe por sí mismo el apasio­nante camino del conocimiento.

Por Cany Soto. Colección Aventureros y Pioneros Magallanes y Elcano

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Opinión

Leyendas Selknam: Yowen y sus hijas

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En esta leyenda citada por Gusinde se pone de manifiesto la reprobación del incesto.

Para los selknam, toda la na­turaleza que los rodeaba (ani­males de todo tipo, así como montañas, lagos, mar y hasta es­trellas) había sido, en un remoto pasado, hombres y mujeres. Estos, llamados Jowin, fueron creados por Kenós, el enviado de Temaulken (el espíritu puro),y eran los ancestros del ser humano.

Los Jowin, aunque envejecían te­nían el privilegio de no morir, siempre y cuando acudieran a Kenos que con su poder los rejuvenecía. Pero un día Kenos, decidió volver al cielo donde moraba el Creador y dejó encargado a Kuanip para que rejuveneciera a quien se lo solicitaba. El primero que se lo pidió fue justamente su hermano mayor, que ya era muy anciano. Des­obedeciendo a Kenos, Kuanip, que era de carácter irascible, dejó morir a su hermano. Desde ese momento, los Jowin devinieron en seres mortales y cuando la muerte les sobrevenía, se iban convirtiendo en todas las cosas que forman la Naturaleza.

En un remoto pasado, hubo un hombre viudo que vivía junto a sus dos hijas y estas, a pesar de que ya eran adultas, seguían habitando la choza paterna pues eran solteras; el padre, pasado un prolongado tiempo desde la muerte de su esposa, ancia­no ya, comenzó a tener pensamientos incestuosos pues sus hijas eran muy bellas. Para no ser rechazado, ideó una estratagema y un día la puso en práctica. Dirigiéndose a ellas les dijo: —¡Hijas mías, yo estoy por morir pues soy muy anciano; cuando esto ocurra, quiero que me cubran con tierra y ho­jarasca pero con la cabeza descubierta mirando al cielo! Pero ustedes no que­darán solas pues conozco a un hom­bre que es muy parecido a mí; como las dos son hermosas, estoy seguro que se enamorará de ustedes y las to­mará como sus mujeres y así estarán protegidas; cuando yo muera, deben irse de este lugar y caminar hacia el norte donde se encontrarán con ese hombre.

A los pocos días de haberles dicho esto, simuló estar muerto; sus hijas, obviamente muy tristes, hicieron lo que el padre les había indicado: se pintaron la raya negra en el pecho en señal de luto para luego alejarse de lu­gar rumbo al norte.

El anciano, no bien las jóvenes se marcharon, se incorporó rápidamen­te y corrió hacia el mismo lugar pero dando un gran rodeo entre el bosque; cuando calculó que las había sobrepa­sado largamente, salió al sendero y se encontraron de frente. Las jóvenes lo vieron acercarse y a cierta distancia la mayor dijo a su hermana: —¡Ese debe ser el hombre, pues se parece mucho a nuestro padre!. La menor, más desconfiada, res­pondió: —¡Pues, a mí me parece que es nuestro padre!.

Cuando estuvieron frente a frente, y como ellas tenían los ojos llorosos, el hombre les preguntó a qué se debía el llanto y ellas le contaron sobre la muerte de su padre.

—¡Calmen su dolor y no se preocu­pen que yo las cuidaré! ¡Ahora mismo las llevaré a mi casa y las haré mis mu­jeres!

Ya dentro de la choza, él comenzó a hacerles caricias, cosa que a ellas les gustó, y copularon los tres; luego que­daron dormidos y al despertar estaban convertidos en guanacos. Por esto, en la actualidad el guanaco padre sirve a sus jóvenes hijas.

(Fuente: Los indios de Tierra del Fuego, Tomo I, Volumen II, de M. Gusinde)

 

Por Carlos Augusto Garrido

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Opinión

No todo lo que se publica en la web es fruto del conocimiento

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Los riesgos de la sobreoferta informativa

La tan celebrada “era de las comunicaciones” por la que estamos transitando ofrece un acceso inmediato y sin exigen­cias al conocimiento, dicen. Uno está ti­rado en el living de su casa, a un “clic” de distancia de cualquier información que desee o necesite. Google y Wikipe­dia están siempre listos para ofrecerle en segundos una estantería repleta de ofer­tas para satisfacer cualquier inquietud intelectual o cultural. Pero, enfrentarse a una catarata de opciones informativas desreguladas, presentadas en formatos atractivos y de aparente seriedad, puede resultar peor que hallarse frente al vacío.

Pasa hasta en las mejores familias

La foto que ilustra la nota de este pos­teo muestra a una familia de nativos fue­guinos. Aquí el imperativo estético del editor, la premura, tal vez la “ilusión de conocimiento” o el menoscabo intelectual a los lectores, se impusieron por sobre el imprescindible chequeo que exige una publicación seria. La fotorgafía en cues­tión fue realizada por Martín Gusinde en 1920 a la familia de Inxiol, de la etnia se­lknam (ona), no yagán (yámana).

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